lunes, 7 de enero de 2013

La peste



Llevo rumiando unos días la idea de que los episodios de peste bubónica a lo largo de la Historia son lo más parecido a una peli de zombis y se merecen un libro de terror. Nada sesudo estilo Camus (por cierto, por mucho premio Nobel que tenga, vaya rollazo de libro), ni gancho literario como en el Decamerón. Me encanta el concepto de las películas de serie B del humano racional asediado por el hombre masa sin cerebro. Vamos, un tema de actualidad desde todos los ángulos. Podría hablarse en este sentido del sistema democrático, de los medios de comunicación, por ejemplo. Pero la vertiente histórica quizás es la más curiosa y atroz. Es decir, se vería lo bestias que somos.

Por ejemplo, narrar cómo la peste negra arrasó el Bizancio de Justiniano y pudo llegar a Inglaterra., la de Londres del siglo XVII o la de China del XIX, que se extendió por Europa y América en el siglo XX. Pero me quedo con la que llegó a Europa en el siglo XIV después de que los mongoles asediaran la colonia genovesa en Kaffa (Crimea) y lanzaran cadáveres infectados al interior de la ciudad. A esa cepa, que se reprodujo tres veces en 20 años, se unió la pésima alimentación de la población europea y la medicina que había hasta entonces. La peste se cobró más de un cuarto de las vidas europeas por peste pulmonar y bubónica, fundamentalmente. Fue una enfermedad que igualó a reyes y a súbditos (Alfonso XI de Castilla murió apestado mientras asediaba Gibraltar, después de éxitos contra los benimerines como la batalla del Salado). Varios pueblos en España celebran cómo sobrevivieron a este jinete del Apocalipsis. Por ejemplo, en Puertollano sólo consiguieron salir vivos de la cuarentena 13 personas. Hicieron un voto a la Virgen y se comprometieron a sacrificar 13 vacas por su protección. Hoy en día, se celebra “El Santo Voto”, día de la Octava de la Ascensión, y se ofrece carne de vaca a todos aquellos que visitan Puertollano. Me imagino lo que debió ser para la psicología de la época quedar encerrado en una ciudad sin escapatoria de una enfermedad que acababa con todos. Con todos los respetos, una de las mayores novelas de terror de la historia. Así fue que se multiplicó la literatura sobre la muerte.

Cosas positivas
Lo curioso del asunto es que, ante esta plaga (a la que hay que añadir las guerras, y, en particular la Guerra de los Cien Años; y el hambre que se pasó al no haber gente para cultivar las tierras), nacieron movimientos positivos en la sociedad. Los campesinos que quedaban eran tan valiosos para trabajar las tierras que comenzaron a exigir a los señores mejores condiciones laborales. Ante la adversidad, venció la razón cuando la masa resultó destruida. En España podríamos aplicarnos el cuento hoy en día. El poder impone a la masa el criterio de que hay que aceptar recortes para mejorar, con la connivencia de políticos, empresarios, sindicatos y otros lobbys. La razón dice lo contrario.